La juventud era una extraña enfermedad, Lola Lapaz

La juventud era una extraña enfermedad, Lola Lapaz (2021)

B.Echeverría

Lola Lapaz es profesora de cine y narrativa audiovisual en varias universidades de Cataluña, en ese marco ha publicado diversos manuales teóricos y técnicos sobre la materia. En el año 2021 da el salto a la narrativa y publica su primera novela «La juventud era una extraña enfermedad» (Editorial Uno, 2021). Una historia donde el amor y la intriga documental se entremezclan. En Escena 42 tenemos la oportunidad de hablar con ella al respecto.

La juventud era una extraña enfermedad, es tu primera novela publicada en 2021 ¿cómo se gestó? ¿Cuándo surge la novela, la idea de la novela?

La idea surgió en el 2010, cuando empecé a cursar el itinerario de novela en la Escuela de Escritura del Ateneu Barcelonès. Teníamos que trabajar un proyecto durante los tres cursos y la novela se gestó ahí, aunque acabé de pulirla y de terminarla un tiempo después. Cabe decir que Madrid fue también una gran inspiración ya que al escribir siempre tenía en mente todos los espacios reales que salen en la historia (aparece incluso un restaurante mítico de Chueca que ya no existe y al que me encantaba ir). Lo primero que imaginé fue la historia del siglo XVII que se inserta en un momento determinado de la novela y, a partir de ahí, surgió el personaje de Sofía, escribí su biografía completa antes de todo, para tener muy definido quién iba a guiar la narración, puesto que se trata de una novela escrita en primera persona.

Es curioso porque a pesar de la ficción, la novela deja entrever tu pasión por la música y el mundo audiovisual.

Para mí la música ocupa un lugar muy relevante en la vida y la ficción de la novela pretende reflejar las vidas de unos personajes. Por lo tanto, que aparezcan unas canciones determinadas es algo totalmente natural. La música es lo que más me gusta y acompaña en este mundo, podría pasar un día sin leer o ver películas, pero no me imagino sin música. Como anécdota, tengo una lista en Spotify con las canciones que aparecen en la novela —en el mismo orden cronológico— y, aparte de eso, añadí los temas que supuestamente escucha la protagonista, Sofía, en su día a día. Y también hay un sutil homenaje a Carol, la novela de Patricia Highsmith, en una de las canciones que inundan la historia.

El título de la novela es tremendamente revelador, además del guiño musical, hace referencia a esa preocupación por el paso del tiempo. Un paso del tiempo, como dice Sofía la protagonista en la novela, “psicológico”. ¿Cuánto asusta no saberse joven eternamente? 

El título me apareció en plan revelación al escuchar “Nuestra casa”, el tema de Christina Rosenvinge que, de forma generosa, me cedió para encabezar la novela. Ahí me di cuenta de que el paso del tiempo es uno de los ejes de la historia ya que es algo que llega a obsesionar a la protagonista. Conozco personas de cincuenta años que tienen alma de veinte y, al contrario, jóvenes que viven y se comportan como si tuvieran mil años más. Creo que la juventud no es cuestión de tener más canas o menos arrugas, de ir cumpliendo años, sino más bien de actitud, de vivir en coherencia con tus actos y tus sentimientos. A Sofía le cuesta encajar todo eso, es como si se empeñara en luchar contra la cuenta atrás de su vida. Por ejemplo, un día se da cuenta de que le ha nacido una cana en la pestaña y ese detalle tan nimio la hace derrumbarse.

En la novela abordas temas que son de tremenda actualidad como la precariedad en el trabajo, o el acceso a la vivienda ¿crees que abordas temas con los que una generación se puede sentir identificada?

Esos temas aparecen, es cierto, pero de refilón, ya que el eje que vertebra la historia es la búsqueda del yo por parte de la protagonista, la formación de la identidad propia. Terminé la novela en el 2013, —no digo que las cosas fueran mucho mejor en lo social por aquel entonces— pero es muy probable que si la hubiera escrito ahora la trama social habría tenido más relevancia. No obstante, Sofía no se siente realizada en su trabajo y eso también actúa como detonante en la historia. Tener un trabajo precario y no poder pagar una vivienda: es difícil no sentirse identificada con eso y, lamentablemente, estamos en una sociedad en la que vivir de forma independiente cada vez resulta más una quimera.

La autora, Lola Lapaz

Creo que la juventud no es cuestión de tener más canas o menos arrugas, de ir cumpliendo años, sino más bien de actitud, de vivir en coherencia con tus actos y tus sentimientos.

El amor, la complejidad de las relaciones se entremezclan con una historia de intriga documental ¿cómo se aborda ambas tramas?

Sofía es una persona que está muy perdida, no sabe qué es estar sola. Acaba de salir de una relación muy tóxica y se mete en otra que tampoco pinta bien. Al mismo tiempo, se obsesiona con una historia del siglo XVII, intenta buscar los vestigios de realidad que puedan existir en esa historia del pasado. La investigación de esos hechos es también la búsqueda de su propia identidad, es una especie de descubrimiento, aunque ella está tan metida en su caos interior que parece no darse cuenta. Como pasa muchas veces, lo más enriquecedor no es el final del camino sino el viaje en sí y todo lo que implica. Podría decirse que la trama amorosa va en paralelo a la trama que se relaciona con la búsqueda de la verdad de lo que sucedió en la historia del XVII.

El libro termina con el poemario “Los monstruos que regresan para quedarse son los más peligrosos” que firma Elena Montalvo uno de los personajes de la novela. ¿En qué momento decides que sea ella la autora de los versos?, ¿podría ser Elena Montalvo, en este caso, el alter ego de Lola Lapaz?

La verdad es que escribo poesía desde adolescente, algunos de esos poemas son de mediados de los 90, la prosa llegó después. Me pareció original la idea de que el libro estuviera formado por una novela breve y un poemario y que, para rizar el rizo, el poemario lo firmara una de las protagonistas. Me atrae que, tras el final de la historia, la lectora o el lector pueda leer esos poemas y dejarse llevar por otros ritmos e imágenes que no tienen nada que ver con la trama de la novela. Lo único que tengo en común con Elena Montalvo es… ¡que también me encanta la cafetería que le gusta a ella!

Hablemos de Carmen Martín Gaite muy presente en el libro, ¿qué ha supuesto para ti su literatura?

Estudié Filología Hispánica y, aunque parezca mentira, nadie la nombró en la carrera, a pesar de que es una de las voces más grandes de su generación. Como suele pasar con las mujeres en las artes (y en todos los ámbitos), ella también había sido silenciada. Así que la descubrí en 1992, cuando se publicó Nubosidad variable. No había leído nada igual, aquella novela me fascinó. Yo ya escribía desde antes, pero descubrir su obra me inspiró de una manera que no sé explicar, me parecía un referente. A partir de ahí, seguí leyendo todo lo que publicó. Siempre pensaba en escribirle una carta y jamás lo hice. Cuando murió en el 2000 me arrepentí muchísimo de no haberlo hecho. A veces nos parece que tendremos todo el tiempo del mundo para darle las gracias a alguien y no es así.

Detalle de portada «La juventud era una extraña enfermedad»

En el libro podemos encontrar referencias muy variadas: Rosenvinge, Pauline en la Playa, Almodóvar, los Stones, Madame Bovary, Joseph Wright entre otros, En lo musical ¿qué tres discos nos recomendarías? Y ¿libros?

Voy a recomendar tres discos que van seguidos en el tiempo y que suelo escuchar en bucle: El salto (Pauline en la Playa, 2019), porque es una obra redonda en la que cada tema brilla por sí mismo; Coplas del andar torcido (The New Raemon, 2020), porque las letras y la voz de Ramón Rodríguez son de otro planeta en este disco y creo que el tiempo lo convertirá en clásico; El eclipse (Marta Tchai, 2021), porque ha sido todo un descubrimiento y me parece que es una de las mejores letristas —y compositoras— que hay en la actualidad. En cuanto a los libros, voy a citar tres lecturas muy diferentes, aunque todas me parecen ejemplos de escritura valiente y literatura de calidad: Los tigres no pueden esperar eternamente (Sonia Fides, 2020), porque confirma que su autora, además de ser una de las mejores voces poéticas que tenemos aquí, es una excelente novelista; Quien esté libre de culpa (Gema Nieto, 2021), porque trata temas como la explotación, el acoso, la manipulación de los medios, etc. dentro de un contexto de ficción distópica; La anguila (Paula Bonet, 2021), porque es increíble que una primera novela pueda abarcar la palabra y la imagen de un modo tan preciso y precioso, espero que podamos leer más novelas de esta autora.

* En la actualidad, Lola Lapaz se encuentra dirigiendo y grabando su segundo proyecto documental «Vosotras: un viaje musical por las bandas alternativas»

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