
B. Echeverria
En una nueva entrada de «Mi colección» hablamos con Alberto Suárez sobre música, discos, coleccionismo y tiendas de discos. Apasionado de la música desde pequeño, hoy está al frente de «Radio muy pequeña» emisora que cuenta en su haber con más de 150 episodios en los cuales ha entrevistado a músicos ilustres como Mikel Aguirre (Amateur) o Eric de Los Planetas entre otros.
Te podemos encontrar tras la ondas de tu podcast “Radio muy pequeña” a través de sus episodios queda patente lo melómano que eres pero, ¿siempre ha sido así? ¿cómo recuerdas tus primeras andaduras musicales?, ¿con qué grupos empezó todo?
En el Renault 5 de mis padres había una caja roja que un terrorista había preparado meticulosamente a principios de los 80: dos docenas de casettes de Mecano, Al bano y Romina Power, José Luis Perales… mi primer concierto fue Manolo Escobar, el segundo Georgie Dann y el tercero Objetivo Birmania. Creo que mis padres no pudieron hacer más para dinamitar cualquier acercamiento musical. El franquismo fue la ruina vital para la clase trabajadora de nuestro país. Poca venganza me parece la Movida.
Mis primeros recuerdos musicales (y casi de todo) vienen de la tele: Tocata, La Bola de Cristal , y algunos videoclips que ponían en TVE2: la Bamba de Los Lobos, Thriller -cuya programación era un acontecimiento-, o el de We All Stand Together de McCartney. Mi grupo de amigos en el colegio tampoco era inquieto. Debería haber salido empleado de banca.
Con el paso de los años la biblioteca pública me salvó. El lujo comunista de no poseer, de poder coger y dejar de entre miles de discos fue algo que me cambió, y no he podido volver a disfrutar de esa manera. Poder equivocarte, elegir por las portadas (aprender la iconografía pop) y tener que buscar información entre los libros porque no había referencias alrededor. No-tener una colección era estupendo. Cero pose. Pasar de clásicos atemporales y glorificar basura más pegadiza. Y los rayos que te atraviesan. El inicio de It´s been a hard day´s nigth, el de Smells like teen spirit, el sampler del Money, el arranque del Hand on the Torch de US3. Rayos extraterrestres, descargas eléctricas que anticipan horas de diversión.
Cada semana sacaba 3 discos y devolvía otros tres. Luego cada cuatro días. Cada dos. Lo que me gustaba lo grababa en cintas de casette de 60 de TDK o Agfa. Sólo tenía ocho o diez cintas, así que si me gustaba otro disco lo grababa encima de uno que me gustara menos. Era la selección musical, los principales del cromo.
Gracias a la biblioteca alterné con Aute con Pink Floyd, Kinks, Clash, ELO, Queen, Depeche Mode, New Order, Jobim, Sade, El Último de la Fila… todo muy fresco. Como siempre pasa con la mezcla entre música y adolescencia, hay una especie de camino que te va marcando tu propia inquietud: lees entrevistas, libretos, dedicatorias, referencias… y vas saltando por las zamburguesas, con algún chapuzón.
¿Recuerdas cómo iniciaste tu colección de discos?
Sin querer. Nunca pretendí coleccionar nada. Fui acumulando, y no me considero
coleccionista. Tengo unas 2000 referencias, pero no colecciono. No sigo patrones, no pago por primeras ediciones, no sufro por las ediciones noventeras que sólo salieron en cedé. Voy comprando. Me recuerda gente, momentos, viajes. Tiempos de compulsión, otros de sequía. El año pasado por ejemplo me propuse no comprar nada nuevo y así lo hice. Todo fue de segunda mano excepto Los Planetas, que luego se me ponen a millón.
¿Cuál fue el primero?
Mis primeros dos CDs los compré con 15 años en un PRYCA. Si no soy la peor historia de melomanía del Escena 42, me avisas. Fueron dos: Marchin´ already de Ocean Colour Scene y Elegantly wasted de INXS. Me siguen molando mucho. El otro día pensaba lo bien que me aguantan las referencias musicales adolescentes, y lo mal que me envejecen el resto (cinematográficas, literarias, filosóficas, humanas…).
Supongo que mi madre pensaba que con más de quinientas pelas a la semana ya podría comprar cocaína, así que ahorrar me costaba un montón, tenía una paga absurda, y seguía tirando de biblioteca y cintas. Un amigo de mi padre tuvo la gentileza de pasarme en casette los “Anthology” de The Beatles y me volaron la cabeza. Creo que estuve un año con eso en el walkman. Todavía hoy, si lo escucho en otro formato, mi cerebro piensa que tal canción se cortará para saltar a la cara B. Durante los años posteriores casi todos los artistas me sonaban a los Beatles. Cierres, armonías, arreglos, temas, combinaciones… su impacto me parecía sideral. De ahí a Oasis y el britpop, salida a Calamaro y el mundo argentino hasta Almendra y vuelta a los 60, hasta que me quedé en el planeta mod unos años.
En la ciudad donde vivía había una pareja que vendía los domingos en el Rastro de Madrid y entre semana en una tienda. Poco a poco me hice con una colección de maxis los Smiths. Ahí empecé a sentir que acumular en casa me daba placer. Que debía gastar en eso, que debía llevarme uno y desear el siguiente. En esa tienda me convertí en capitalista y dejé de ser mod.
¿Cuál/cuáles han sido los más recientes?
Después de releer “Pequeño circo” de Nando Cruz, me he obsesionado con El Inquilino Comunista. Los tenía muy fuera del radar y me parecen tremendos. Eso me ha llevado a un grupo con el que compartieron tiempo y forma: Los Bichos. Este domingo pillé el Color Hits que reeditó en 2017 Munster Records. Aprovechando la visita a La Satanasa que es la tienda de Íñigo Munster, también pillé el “Hunted by the snake” de Cancer Moon que va por ahí, y otros que no tienen nada que ver: el “Neu! 86” de Neu, el “1965-68 The High Sixties On 45” de Jon Savage, el “Vampires stoole my lunch money” de Mick Farren, y uno pirata con las tomas vocales del “Pet Soul” de los Beach Boys.
¿ Frecuentas alguna tienda de discos en particular?
En Madrid, por mi barrio, los días de Rastro siempre voy a Satanasa, que encuentro mucho garage y punk rock y reediciones Munster y Vampisoul guay de precio. Siempre que puedo paso por Liquidator que son especialistas en Jamaica, y derredores soul. Sin salir del barrio en Bajo el Volcán (Pascu, tengo tu copia del último de Wilco), o bajo a Metralleta. También caigo por Escridiscos, o por Delia Records si me muevo. Bicheo mucho por el Rastro: una cosa buena por cada mil horas husmeando, pero cuando encuentras es muy placentero.
Al viajar pillo. En Donosti me gusta pasar por Beltza, aunque sean especialitos con los niños. En Barcelona me perdía por Tallers, pero hace ya que no voy. Cuando paso por Oporto voy a Circus, en Lisboa por Bones, en Manchester pasé por Piccadilly Records, Doctor Vinyl en Bruselas. En mi otra ciudad, en Gijón cada vez me queda menos, pero siempre paro en Paradiso o en Collection. Y si quiero cosas raras tiro de Discogs, Todocoleccion, o Wallapop, que de vez en cuando tienen sus cosas. Los Madmua, de Zaragoza y también online, rescatan y reeditan mucha joya española y latina de los 60, y los sigo de cerca.

No sé si eres de las personas que bucean entre ferias de discos en busca de alguna joya perdida.
No. Me recuerdan a coleccionistas de sellos. A planta de caballero del El Corte Inglés. A caramelo mentol. Huele a valor monetario del formato y eso me emparanoia. Es como volver a aquella tienda donde me bauticé al capital. Tienen un tufo que comprendo, pero no me mola.
¿Tienes algún ritual y/o momento perfecto a la hora de escuchar tus discos?
Me gustaría decirte que sí, pero ahora no. Pongo discos siempre que estoy en casa. Mis hijos han aprendido antes a dar la vuelta a un vinilo sin joderlo, que a atarse los cordones. Pero recuerdo aquellos horribles altavoces de ordenador en los que escuchaba cedés en mi habitación adolescente, y era gloria bendita. Quitando las tres semanas de exámenes en las que juraba no volver a dejarlo todo para el último día, el resto de días eran perfectos para perderlos escuchando música. Recuerdo paseos de verano con el discman, recuerdo alargar mañanas de chaval en la cama con los auriculares.
Si tuvieses que pinchar mañana, ¿qué ocho canciones formarían parte de tu tracklist?
A corazón abierto, cero poses. No pincho en una fiesta, porque entonces marcamos un old school de northern soul y algo de garaje, en mi cabeza sonaría cojonudo, y en la pista me pedirían “algo conocido”. Si te parece aprovecho lo abierto de la pregunta y en este caso pincho para una comida imaginaria donde invito a todas las personas que me han vendido o pasado música, ¿ok?
Número 1: Tezeta, del Ethiopiques de Mulatu Astatke. Mulatu es mi descubrimiento y obsesión de 2023. Y este disco para mí ha sido de cabecera durante todo el año. Lo descubrí viendo una entrevista a Paul Weller en Amoeba Records, una tienda de discos de Hollywood. Loco perdido.
Número 2: Why not smile, de R.E.M. El grupo me interesa mucho y su no-malditismo les hace mal, pero creo que anticiparon parte del grunge sin morir en el intento. Son el Pavement que no mola porque tal. Esta canción es una joya en un disco bastante oscuro, regulero en ventas y maleado por la crítica, pero que me gusta mucho: Up.
Número 3: Douton, de Miqui Puig. Es el último tema de un disco sideral que es el “15 canciones de amor, Barro y Motocicletas”. Es una canción que parece que has escuchado mil veces y aún está por gastar. Es preciosa y quiero mucho a Miqui. Su forma de vivir la música y de crear alrededor de ella y las personas me parece admirable.
Número 4: DIME, RAMO VERDE, de Rodrigo Cuevas. Estoy metiendo mucho fresco, ¿Eh? Desde la aldea de mi abuela en Piloña hasta el mejor disco nacional de Rockdelux sólo se llega con una dosis de talento y de ambición tremendas. Reverdece una cultura con media estocada como es la asturiana. Es una suerte que de la nada haya emergido Rodrigo. El disco es la definición de la palabra “renovación” y más allá de lo simbólico este tema me encanta porque me mete en sonidos que me eran ajenos desde la familiaridad, tiene un punto pedagógico.
Número 5: No matter what, de Badfinger. El malditismo de los elegidos como sus sucesores por los Beatles se fundamenta en canciones como esta. Es redonda, es perfecta. Luego la historia se torció.
Número 6: Shake, de Otis Reding. Es mi cantante favorito, el Stax de aquella será mi sello favorito casi seguro. Este tipo no pudo hacer más en menos tiempo. Siempre pensé que me moriría pronto y ya voy tarde, así que esta gente que liquida en una década lo que otros en tres generaciones, me mola. Es un tema de bailecito, la sesión de viento me mola mucho. Se puede repetir.
Número 7: Parents, de Desmond Dekker. Fui mod hasta que me aburrí, como todos. Ahora soy revival. En mi salida de la cueva tiré por el punk por arriba y la parte más jazzmod por abajo. Dejé el ska de lado y con el ska dejé Jamaica, hasta que fue irresistible y caí, como todos. Desmond Dekker es esencial y siempre descubro otra capa, otra grabación, otra historia. Esta canción me gusta mucho. Es reseñable que el periodista Pepe Colubi tiene cincuenta episodios de un podcast sobre la historia de la música jamaicana brutal. Se llama The Bucket y os lo recomiendo.
Número 8: Good Vibrations, en versión de Langley School Music Project. Es una grabación de 1977 de la versión de los Beach Boys por un profe de música canadiense con estudiantes de escuelas primarias del distrito escolar de Langley en Columbia Británica. Se lo oí cerrando una sesión a Ibon Errazkin, que me parece un ser de luz musical. Busqué este disco tres años sin exagerar.
