
B.Echeverría
Volvemos con una nueva entrega de «Mi Colección» y esta vez lo hacemos de la mano de Andrés Llanera quien fuera teclista de la banda «When Nalda Became Punk». Sin embargo, su relación con la música y los discos empezó mucho antes bajo en influjo de sus hermanos mayores. Muy atentos a sus respuestas pues no tienen desperdicio.
Quien te conozca sabrá que la música ha sido siempre una constante para ti, te conocemos por ser teclista del grupo “When Nalda Became Punk”, ¿cómo recuerdas tus primeras andaduras musicales? ¿Cómo empezó tu interés por la música?
Siempre me ha encantado la música, como oyente, como fan —con mis hermanos participé en un fanzine, el Fanzine de Colores, organizamos conciertos en Murcia y sobre todo, compartíamos muchos discos— pero, por pura vagancia, nunca he llegado a aprender a tocar un instrumento.
Entré en When Nalda Became Punk porque necesitaban alguien para tocar los teclados y hacer coros. Elena llevaba mucho tiempo insistiendo en que tocara con ellos, porque era un grupo de amigos y no quería meter a alguien que no conociera de antes.
Evidentemente, para alguien que le gusta tanto la música, el sueño de tocar en un grupo siempre había estado ahí. Aunque solo fuera por la curiosidad de saber que se siente al otro lado, encima del escenario. El único problema era que no sé tocar el teclado. Pero Elena me convenció para probar y aprendí únicamente a tocar las canciones de nuestro repertorio. De hecho, al primer teclado que usé le puse unas pegatinas encima de las teclas con las notas a las que correspondían para que me fuese más sencillo aprendérmelas.
Recuerdo aún con sudores el primer concierto que toqué, en Vigo. Que encima, por motivos laborales, no pude ir a la prueba de sonido, llegué directamente para tocar, sin tiempo de prepararme, y lo pasé fatal todo el concierto, nerviosísimo y cometiendo demasiados fallos. Me bajé del escenario desolado y dije que lo había intentado, pero que no volvería a tocar, que eso no iba a funcionar. Por suerte, ya más calmado, al final me convencieron para seguir y no me arrepiento.
Con tiempo, ensayos y esfuerzos cogí mucha más soltura —¡hasta pude tocar con un teclado sin pegatinas!— y llegué a disfrutar realmente en el escenario, más incluso que Elena, que al ser la líder del grupo siempre estaba en el foco y con más presión. Es indescriptible la sensación que te invade al tocar en sitios como el Madrid Popfest, en el Indietracks en el Reino Unido —el día de mi cumpleaños—, en Paris, en Colonia o en Berlín. Esos momentos álgidos se echan de menos, no sé si algún día volveremos a tocar… Todo depende de Elena, de si le apetece hacer más canciones, pero lo último que sacó fue un disco de su proyecto en solitario, Tears to Go, que no ha llegado a tocar en directo, así que no nos ha necesitado como banda.

¿Recuerdas cómo iniciaste tu colección de discos?
Mis padres no eran especialmente musicales, pero tuve la suerte de tener dos hermanos mayores, Carlos y Rafa, que eran los que traían la música a casa y claro, yo escuchaba todo lo que ellos ponían. También tengo un primo, Joaquín —que en los comienzos de internet hizo la primera página de internet dedicada a Los Planetas—, que nos pasaba muchísima música. Recuerdo una cinta que nos grabó que tenía en una cara el Definitely Maybe de Oasis y, en la otra, el Super 8 de Los Planetas, ¡quemamos esa cinta! Gracias a él también descubrimos a Weezer, a El Niño Gusano y un montón más de grupos de la época.
Así que, en los noventa, aunque yo era un crío (soy del 82) gracias a mis hermanos y a mi primo empecé a escuchar música indie —el concepto indie de los 90— y me encantó. Al final, escuchar ese tipo de música se convirtió en una forma de vida, en lo que más me podía identificar. Los Flechazos tuvieron la culpa del flequillo que llevé durante toda mi adolescencia y que ahora me horroriza en las fotos. También iba hecho unas pintas porque quería llevar camisetas de grupos, pero la mayoría se las cogía prestadas a mis hermanos, así que eran varias tallas más grandes de lo que deberían, pero a mí me daba igual.
Así que, la realidad es que mi colección de discos empezó gracias a la colección de mis hermanos, de la que me aproveché durante un montón de años. De hecho, con el paso de los años, he tenido que comprar muchos de los discos que me gustan de esa época porque los que había estado escuchando no eran míos, eran de mis hermanos.

¿Cuál fue el primero?
Tengo un recuerdo un poco vergonzoso que es de un viaje con mi familia en Toledo. Yo debía tener unos seis o siete años, y mis padres nos dejaron que cada uno de los hermanos eligiéramos un souvenir. Mi hermano Rafa cogió una pequeña armadura, mi hermano Carlos un hacha medieval—ojo, no una miniatura de un hacha, sino un hacha de verdad, que pesaba un quintal, para un niño hiperactivo de doce o trece años, algo que, siendo adultos, no hemos llegado a entender como mis padres aceptaron — y yo me empeñé en que me compraran una cinta doble de Glenn Medeiros, porque me gustaba la canción de Nothing’s Gonna Change My Love For You. No recuerdo otra canción de Glen Medeiros, creo que solo escuchaba esa, una y otra vez. Pero bueno, aunque en puridad ese sería el primero, ni siquiera sé dónde está la cinta ahora mismo y ahora reniego de ella…
Es difícil saber cuál fue el primer disco que compré ya en mi adolescencia, obsesionado con la música, porque ya digo que me aprovechaba de la colección de mis hermanos… Recuerdo pedir por reyes el Viviendo en la Era Pop de Los Flechazos. El primer disco que tengo la certeza de comprar en tienda física fue el primer disco de Parade, en CD (con la portada de la foto de 2001: Una Odisea en el Espacio, no la que aparece ahora en plataformas), en Contraseña, una tienda de discos que había en Murcia. Pasé muchísimas tardes de mi adolescencia rebuscando en las estanterías de dicha tienda, gastándome mi paga semanal en un CD de algún grupo del que había oído hablar, aunque fuera vagamente, o que me recomendaba Dani, el dueño de la tienda. También hacía pedidos por correo con el catálogo de Discos del Sur, en Madrid, como el Love Life de Lush o el The Green Fields of Foreverland de The Gentle Waves.

¿Cuál/cuáles han sido los más recientes?
Este año no he comprado demasiados discos, soy mucho más selectivo que cuando era veinteañero. Creo que el año que más discos compré fue el año que estuve de Erasmus en Liverpool —aprovechando las ofertas del HMV y el Virgin Megastore—. El problema fue que, al tener que volverme a España, no me cabía todo en el equipaje, con la ropa y eso. La opción más racional era enviar los CDs por correo, pero me daba miedo que llegaran todas las cajas destrozadas o, peor aún, que se perdiera el paquete. Así que lo que hice fue meter los discos en las maletas, protegidos cuidadosamente por la ropa, y mandar por correo zapatos, chaquetas y cosas así. Prefería correr el riesgo de que se perdiera eso que los discos.
Los más recientes son From the Pyre de The Last Dinner Party, Get Sunk de Matt Berninger, Rainy Sunday Afternoon de The Divine Comedy, Forever is a Feeling de Lucy Dacus, Send a Prayer My Way de Torres & Julien Baker, Bright Nights de Allo Darlin’, Another Day de Alpaca Sports, el de caras B de The Pains of Being Pure at Heart, More de Pulp o Fine Day de Hannah White.
¿Tienes algún ritual y/o momento perfecto a la hora de escuchar tus discos?
Es una lástima que ya no tengo el tiempo —ni seguramente la ilusión— de cuando era adolescente y me pasaba horas tirado en el sofá, escuchando discos una y otra vez, leyendo las letras, escudriñando los créditos, viendo las fotos y todo eso. Ahora creo que cuando más disfruto los discos es si me lo pongo en los auriculares y salgo a caminar, sin rumbo específico, simplemente dejándome llevar por la música, porque ahí es cuando más atención le puedo poner. También me gusta estar un domingo por la mañana, en el sofá, leyendo un libro, y poner música, aunque para que eso funcione de verdad tiene que ser un disco que ya conozca bien, con un disco nuevo no soy capaz de concentrarme.
Si tuvieses que pinchar mañana, ¿qué ocho canciones formarían parte de tu tracklist?
Pinchar en algunos conciertos es otra de las grandes experiencias que pude vivir con When Nalda Became Punk. Está genial poder poner tus canciones favoritas a un público que también las adora y disfrutarlas todos juntos.
¿Sólo ocho canciones? Eso muy difícil… Lo voy a intentar sin darle demasiadas vueltas, mañana saldrían otras seguramente, pero ordenadas según las pincharía en la realidad:
Archie, Marry me de Alvvays.
Young Adult Friction de The Pains of Being Pure at Heart.
Kids de MGMT.
Not Strong Enough de Boygenius.
Favourite de Fontaines DC
Sleep the Clock Around de Belle and Sebastian
I am the Resurrection de The Stone Roses.
Tonight We Fly de The Divine Comedy.
