El hombre de mi vida, Santiago Isla

Fotografía cedida por el autor

B.Echeverría

Que el título no os lleve a engaño, “El hombre de mi vida” (Círculo de tiza, 2025) no es una novela adolescente donde sus protagonistas están en búsqueda constante del ideal del amor romántico. Eso no; no sería propio del autor, pues el pensamiento de Isla nunca se queda en la superficie evidente de las cosas. Hay hondura y profundidad en lo que escribe, y lo consigue sin empalago ni aspavientos, algo que ya ha ido demostrando en sus publicaciones semanales de “Sonajero». 

Los protagonistas de la novela, Gabri y Sof, bien podrían ser los personajes de la canción “Socio de la Soledad” de Calamaro, donde ambos parece que “no quieren renunciar tan pronto al amor equivocado” y se empeñan, a pesar del sufrimiento, en seguir intentando encajar en sus vidas amores que no están hechos para ellos. 

La novela va ganando en consistencia conforme avanzan las páginas y, lo que empieza de una forma más o menos inofensiva, poco a poco se convierte en un complejo entramado de emociones y sentimientos alrededor de temas universales como la familia, la identidad, la amistad y, por supuesto, el amor. Todo ello nos guiará hasta un inesperado giro final de los acontecimientos, donde el puente de Juan Bravo cobra protagonismo, al más puro estilo de Historias del Kronen. 

Santiago Isla nos invita a adentrarnos en un Madrid que conoce muy bien: el del barrio de Salesas (a día de hoy es uno de los más modernos de la capital) y, como el mejor de los anfitriones, nos guía a través de sus galerías, locales nocturnos y restaurantes. A su vez, a través de los protagonistas, “nativos” de ese barrio, nos muestra el perfil psicológico y sociológico de sus habitantes, con sus tics, con su lenguaje y con su visión del mundo. En ocasiones, se le exige al autor cierta justificación del enclave y contextos de sus novelas, algo extraño, pues es como pedir explicaciones a Woody Allen por ubicar gran parte de sus películas en Manhattan, o a Ken Loach por mostrar los márgenes de la sociedad británica. Al fin y al cabo, siempre se dice que la lectura (como el cine), ofrece la posibilidad de vivir otras vidas, por ajenas que resulten y eso es lo maravilloso de ella.

En definitiva, es una novela donde Santiago Isla logra la difícil tarea de moverse narrativamente entre dos aguas, desde la más frívola (propia de la época de las redes),  hasta la más elaborada y depurada, pero siempre huyendo de la afectación. 

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