Far from Broadway, Diego Case

B. Echeverría

Quien piense que la arquitectura y la música no pueden combinarse, se equivoca. En Escena 42 nos gusta las personas que no temen conjugar distintas facetas y este es el caso de Diego Case. Arquitecto de formación, combina su faceta en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra con la música. Su trayectoria musical viene de lejos, forma parte del grupo Los Flamingos, y en esta entrevista no presenta su proyecto en solitario «Far from Broadway».

Acabas de sacar tu disco en solitario “Far from Broadway”, totalmente instrumental y con el piano como protagonista, ¿en qué momento decides que sea este instrumento el eje que vertebra todas las canciones?, ¿qué te une al piano?, ¿es una formación autodidacta?

El piano es el origen de todo. He tocado el piano desde los 6 años y realicé formación clásica en el conservatorio hasta que empecé la carrera de arquitectura. Todas las canciones del proyecto Diego Case han surgido en sus teclas; de alguna manera, el instrumento es una extensión de mi mente, de mis dedos. A veces, al escuchar canciones que he grabado hace un tiempo, me da la sensación de que el piano iba por delante de mí, mostrándome el camino cuando las componía.

Luego viene todo lo demás, cada vez utilizo más sintetizadores, cajas de ritmos, samplers… En este ámbito, sí que he tenido que ir aprendiendo muchas cosas en los últimos años de manera autodidacta leyendo manuales y blogs, viendo vídeos en YouTube, haciendo algunos cursos y, sobre todo, probando y equivocándome.

¿En qué momento comienza a gestarse el proyecto?

Probablemente este proyecto comenzó a gestarse mucho antes de que yo fuera consciente de ello. Recuerdo algunas tardes del verano de 2014 improvisando piezas de piano en casa de mi madre, en un breve paréntesis que hice entre mi estancia en Pekín y Shanghai donde residí varios años; o algunos acordes de sintetizadores que grabé en Hong Kong para mi banda Cracklebox y que luego aparecerían en algunos temas de Diego Case. La materialización o formalización del proyecto, no obstante, tuvo lugar en la primavera de 2020, en medio del confinamiento, cuando grabé y produje mi primer tema como Diego Case titulado
Re: Finding. Con esta canción, además, empieza el álbum Far From Broadway.

Diego Case nace como proyecto paralelo a tu versión más pop con “Los flamingos” ¿sientes la necesidad de explorar otros territorios musicales?
Diego Case me ofrece flexibilidad a la hora de explorar sonidos y melodías sin tener que responder necesariamente a un estilo muy definido —o a la regla radiofónica de escribir canciones de no más de 3-4 minutos de duración—. En este proyecto yo compongo, grabo y produzco toda la música en mi estudio personal, a menudo a altas horas de la noche escuchando a través mis auriculares, cuando todos duermen en casa. Trabajo los motivos, colores y timbres de las canciones como si de una obra plástica se tratara, superponiendo capas y prestando mucha atención a los matices. Tratar de transmitir sensaciones o sugerir narrativas sin palabras es un reto que me parece muy atractivo.

Esto no quiere decir que no disfrute la música indie o pop, sobre todo girando y tocando conciertos en directo. También me gusta mucho escribir letras e historias para canciones, sobre todo cuando considero que tengo algo que contar. En esos casos, suelo tirar más de la guitarra acústica.


La música electrónica y chill out también definen la esencia del disco

Sí, hay un componente electrónico importante, aunque los instrumentos acústicos (pianos, violines, violonchelos…) tienen algo más de peso en este álbum. En los nuevos temas que estoy desarrollando actualmente como October o Birth, sí que el punto de partida está siendo más electrónico.

Con Far From Broadway he tratado de crear atmósferas etéreas con sintetizadores y efectos sobre las que trazar melodías coloridas y bien definidas; en este sentido, quizás se escapa un poco de la música chill out donde la melodía no juega un papel tan importante (aunque desde luego que es una música que te lleva a la introspección y puede relajarte). Una fuente de inspiración es la música para cine y series, donde encontramos dinámicas y motivos musicales más reconocibles acompañando a una historia.

Las canciones de Far from Boadway son evocadoras, provocan un estado de ensoñación y de cierta melancolía, ¿hay algo de eso en es estado anímico de Diego Caro?

Debo reconocer que sí. En los Flamingos, por ejemplo, he sido siempre el que escribía la canción “triste” o la “lenta” del disco. Soy una suerte de melancólico inverso, pues, al contrario de lo que dice la RAE en su definición de melancolía, yo de alguna manera disfruto esa tristeza sosegada (casi siempre). Considero la melancolía como una vista al pasado, pero también a un futuro que añoras, que está por crear, o que se está gestando en este mismo momento.

¿Estado de ensoñación? Afirmativo. Suelo tener siempre la cabeza “en otras partes” y quiero pensar que con la música consigo atrapar algunos de esos lugares remotos a los que viajo mentalmente y transformarlos en sonidos. También me gusta imaginar mis canciones como breves y lejanos viajes para aquel que las escucha.

La parte artístico-visual que acompaña al disco también juega un papel relevante en este proyecto, ¿verdad?

Sí, desde un principio he prestado mucha atención a la identidad visual del proyecto. En estos años he colaborado con distintos artistas plásticos, actores o bailarines para mis portadas, videoclips y actuaciones en directo. Creo que el envoltorio en este caso también es importante y debe comunicar la esencia de Diego Case.

Grabo y produzco videos musicales para todos mis temas. Mi sueño de adolescente era componer bandas sonoras para películas y la narrativa visual de las canciones me parece un elemento indispensable que las completa. Tengo la suerte de haber podido contar con gente maravillosa para algunos de mis videoclips, incluida mi hija Maya que aparece en With You. Los rodajes han sido experiencias muy estimulantes.

Si indagamos en tu trayectoria, vemos que la inquietud artística y cultural invade toda tu persona, desde tu formación como arquitecto, la escritura – en 2022 publicaste la novela “Tortugas”, el comisariado de exposiciones como “Mapa de músicas escondidas”, ¿desde cuándo te recuerdas con ese espíritu inquieto?

Creo que, sobre todo desde la adolescencia, he tenido una —a veces angustiosa— necesidad de ir un poco
más allá en mi vida cotidiana, de no conformarme. Sin esa autoexigencia, no hubiera sido posible compaginar este proyecto musical con mi carrera como arquitecto y docente universitario.

Los estudios musicales y la carrera de arquitectura me ofrecieron, por un lado, cierta disciplina, y por otro, una especie de kit de herramientas y lentes con las que explorar el mundo de una manera más creativa. Desde pequeño he tenido siempre muy presente la importancia del esfuerzo, y mis años trabajando en China y Japón creo que también han ayudado. El poco o mucho talento que pueda tener lo he tenido que alimentar con trabajo, pero también con viajes, conversaciones, lecturas, escuchas y observación.

Hace muchos años, de forma muy bonita, me llegó la frase de Dostoyevski “La Belleza Salvará el Mundo” que aparece en su novela El Idiota. De alguna manera, y con mucha humildad, esta frase guía un poco todo lo que hago, tanto en mi carrera como docente y arquitecto, como en la música. Tienes que enamorarte de lo que haces. Tengo la convicción de que el arte en general, pero especialmente la música, tiene un gran poder transformador en nuestras vidas. Sin querer ser demasiado trascendente, y entendiendo que vivimos en un mundo cada vez más complejo, realmente lo creo. La música posee un poder de resonancia y empatía como ninguna otra disciplina; hace un par de años experimenté esto de una manera arrolladoramente natural y directa en uno de los Audience Choirs del genio Jacob Collier.

En cuanto a la escritura, he de decir que soy más lector que escritor, pero Tortugas fue toda una aventura de varios años que me sirvió para narrar muchas cosas que se me ocurrían y observaba en mis viajes de metro en Tokyo, y que luego empezaron a plasmarse en un McDonald’s a medianoche en Pekín. Me encantaría tener el tiempo y la energía necesaria para terminar mi segunda novela, pero últimamente escribo cosas más breves, como algunas historias con las que acompaño mis conciertos.

Mi trabajo como comisario, tanto en la exposición Mapa de Músicas Escondidas realizada en la Fundación María Forcada de Tudela, como para un proyecto que realicé en Hong Kong llamado Mapping the Hidden Music Scenes of Hong Kong, ha sido un punto de encuentro de mis facetas académica y musical. Ambos proyectos han tenido un componente social, pues han tratado de documentar y visibilizar tanto los espacios donde se desarrolla la música como las historias detrás de ella. En el caso de Hong Kong, fue un proyecto con bastante análisis, político, económico y social por las circunstancias concretas ―y muy complejas― de la ciudad, y con una fuerte carga emocional. En ambos casos, las experiencias fueron fascinantes, sobre todo porque las pude compartir con un gran número de personas.

Escucha a Farm form Broadway aquí: https://diegocase.bandcamp.com/album/far-from-broadway

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