
B.Echeverría
Una tarde de jueves Cooper, mi perro teckel y yo, visitamos en Pamplona el estudio del artista plástico Pablo Ochoa de Olza también conocido como Pablo «Who». Su taller siempre está abierto y acoge con calidez a toda persona curiosa que se detenga delante de su puerta, tanto es así que una de sus paredes se convierte en lienzo cuando los visitantes más jóvenes llaman a su puerta para curiosear y Pablo les cede sus pinturas para que pinten libremente. La inquietud de este artista por el dibujo viene de niño cuando pasaba los días dibujando las batallas de Sandokan contra los ingleses en la isla de Mompracem: «dibujaba los barcos bombardeando una isla con potentes defensas, cañones, castillos y fortalezas, todo ello en medio de clase en los cuadernos de matemáticas, de lengua, de sociales o la asignatura que fuera. Yo siempre, siempre estaba dibujando», sin embargo, ha sido de unos años atrás en adelante, cuando pintar se convirtió en su modo de vida. Hubo varios intentos pero fue en el 2018 tras una crisis vital cuando todo fue tomando la forma que tiene ahora, y ya en en 2019, decide dedicarse a ello por completo «yo continuamente he pintado, siempre lo había querido aunque siempre había algo que me echaba hacia atrás, pero en el 2019 dije: voy a dedicarme profesionalmente a esto, es ahora o nunca» Comienza a pintar los primeros lienzos en la cocina de su casa pero pronto se dio cuenta de que estaba limitado por el espacio y fue entonces cuando se hizo con el que hoy es su estudio: «vi la necesidad de crecer y en la cocina no podía, así que ocupé el salón pero tampoco funcionaba y ese mismo año compré el estudio y todo funciona».

Fue a los 15 años cuando el grafiti llegó a su vida «entramos un día al cine y vimos la película (que en principio no queríamos ver, queríamos ir a otra pero esa estaba agotada) Beat Street y salimos de allí queriendo bailar break dance, cantar rap y pintar grafiti». Y así lo hicieron, en el año 84 en la ciudad de Pamplona, Pablo y sus amigos montaron un grupo de break dance llamado «Yeat Beat». Pronto encontraron un centro de operaciones donde desplegar las ansias de baile «íbamos a la estrella de la Ciudadela con un radiocasette y allí, en el mármol del suelo, bailábamos los fines de semana. La gente no estaba acostumbrada, nos insultaban y nos decían de todo en una Pamplona en la que ir con gorra de beisbol atraía las miradas». Fue ese el momento en el que debutó pintando grafiti «pinté un grafiti en Iturrama que decía: «hip hop don´t stop», a raíz de aquello seguí pintando y en el año 90 gané un concurso nacional».

Deslumbrado por la cultura del grafiti, Pablo recuerda que, en una era pre- internet, el acceso a ese tipo de cultura era muy difícil «veíamos el programa Tocata o Aplauso en televisión española donde, el noventa por ciento de las veces, no daban nada que no fuese Miguel Bosé o Los Secretos, pero de vez en cuando sacaban un ritmo que parecía y recordaba al hip hop o breal dance; pero no había grandes fuentes de información. Años más tarde, igual alguien conseguía un VHS en la que se veía algo de ese estilo y repetíamos los pasos y movimientos hasta la saciedad, pero no había mucho de lo que beber«.

Pablo Who tras ganar aquel concurso de grafitti, se marcha de España y vive en ciudades como Barcelona, Nueva York o Alemania. En Barcelona trabaja exitosamente como licenciado en turismo en una cadena de hoteles pero se da cuenta de que no es el tipo de vida quiere llevar y se marcha «me anclé en Nueva York bastante tiempo y luego me marché a Alemania a trabajar de lo que se podía». Durante ese periodo Pablo decide que quiere perfeccionar el arte de dibujar, trabajar con las manos y conocer los entresijos de ese mundo, y lo hace trabajando con un anticuario.
Ahora, además de pintar, también dedica parte de su tiempo al estudio del grafiti «estoy escribiendo un libro, un texto, sobre el grafiti, estoy investigando, poco a poco va dando sus frutos y es muy interesante» este estudio se centra en el origen del grafiti, en la primera persona que pinta uno: «Cornbred es un chico que, en 1965, se enamora de Cynthia, se escapa del correccional «juvenile» donde vive en Philadelphia, se va al barrio de la chica y lo bombardea con una pintada que dice: «Corn Bred loves Cynthia» con tanto éxito que Cynthia cae rendida a sus pies, pero además, gracias a eso, los muchachos de Philadelphia descubren una nueva forma de expresión. Se extiende como un reguero de pólvora, de Philadelphia salta a Nueva York, a todas las ciudades de Estados Unidos y después salta a Europa. Aquí tarda en llegar al menos una década. Los primeros grafitis serios en Europa empiezan en los años 80″. En esta investigación, además de remontarse a los orígenes, Pablo ha querido indagar profundamente para conocer qué es lo que sucede en Nueva York para que el grafiti se extienda tan rápidamente y ha llegado a una conclusión «esta forma de pintar esta vinculada a una clase social que no tiene otra forma de expresarse, es el delito o el grafiti, no hay más. Son jóvenes que no tienen ninguna perspectiva, no tienen futuro: pobreza, desigualdad y odio racial. Esos jóvenes que, viven como ratas, de repente descubren que se pueden ir por ahí a pintar y que además adquieres el respeto de tus colegas. Es por eso que se extiende tan rápidamente».

Pablo Who habla con entusiasmo y con mucho interés acerca de esta forma de expresión, que en muchas ocasiones ha estado criminalizada «hay muchos prejuicios, hay gente que asegura que le gusta el arte urbano pero no el grafiti, o el grafiti sí pero depende cual…llevamos 65 años de grafiti y unos 63 de guerra contra el grafiti, primero en Philadelphia, luego en Nueva York y luego en todo el mundo; llevan diciéndonos que el grafiti es algo que hay que limpiar, por tanto debe ser suciedad, pero yo saco fotos de donde han limpiado grafiti y ves que la pared estaba sucia, por tanto, no nos importa la mugre, nos importa la pintura. Es curioso».
Pablo Who lo tiene muy claro cuando le pregunto acerca de una definición del arte del grafiti: «expresionismo abstracto colectivo» y añade «el término me lo he inventado yo, esas tres palabras no se habían juntado nunca porque, por definición, el expresionismo abstracto es la expresión de los sentimientos de un solo artista no de muchos artistas; pero cuando yo miro un grafiti en el que han intervenido varias personas, esa pared me habla de los sentimientos conjuntos. Es decir, gente que tiene la necesidad de expresar cosas y lo que se percibe no es la obra individual de cada uno sino el conjunto».


Cómo es habitual en todos los artista, Pablo Who ha ido evolucionando y su forma de pintar ha ido cambiando a lo largo de los años «desde que dejé de pintar pareces en los años 90 hasta que arranco de nuevo en el 2018 con lienzos, intervine muchas cosas, ropa y objetos, pero no he pintado a penas en formatos que se consideran artísticamente correctos; he pintado sobre todo en papel». Con el tiempo, ha ido desarrollando una técnica genuina y única de pintar, que es fruto de un hallazgo casual, y que empezó con una baldosa de 15×15 de vidrio templado que encontró en la cocina de su casa; en ella pinta, con un trazo negro, la cara de una chica que después irá rellenándola con color, se da cuenta de que el resultado le encanta y se dice: «voy a intentar aprovechar esta baldosa y pintar otra cosa»; tras dejar que se secase la pintura, la arranca del cristal y entonces se da cuenta de que ha descubierto algo nuevo «se puede arrancar la pintura de un cristal y te quedas con una imagen pintada, solo pintura, sin ningún otro soporte». Se trata de una técnica única que todavía no ha visto copiada y que considera muy interesante.

Mención a parte merecen sus corazones de acero tallados a mano: «me doy cuenta de que todos los corazones están hablando de lo mismo, están hablando de mi vida y contando mi biografía; la resiliencia, la supervivencia, lucir bien a pesar de todo lo que has pasado y aun puedes brillar».
Así pasarán los días y Pablo Who seguirá en su estudio entre pinceles, lienzos, cristales y pinturas, reivindicando el papel del grafiti, interviniendo obras y sobre todo contando historias. No dudaría en visitarle, no hay nada más generoso por parte de un artista que te brinde esa oportunidad, solo hay que hay que asomar la punta de la nariz por la cristalera de su estudio y mostrar curiosidad, en ese momento Pablo se dará cuenta y, como buen anfitrión que es, te invitará a pasar.


